Un espacio de plenitud,donde la armonía de la
naturaleza y la calma se fusionan.

El Ranchito de Valle - 2026

CALENDARIO ANUAL DE EXPERIENCIAS TEMÁTICAS

Historia del
ranchito de valle

Hace quince años, llegué a un pedazo de tierra en Valle de Bravo con las manos vacías y el corazón lleno de sueños. No tenía un plan maestro ni un proyecto arquitectónico. Solo tenía ganas de plantar árboles y crear algo con mis propias manos.

Compré mi primer arbusto. Luego otro. Y otro más. Lo que comenzó como un vivero simple se convirtió en algo que ni yo mismo podía imaginar: un lugar donde cada rincón cuenta una historia, donde la tierra respira, donde el tiempo se detiene.

Soy Diego. Fotógrafo de vida silvestre. He pasado veinte días en las montañas heladas de Pakistán esperando al leopardo de las nieves. He recorrido el Pantanal fotografiando jaguares. He estado en Botswana, en los polos, en India. Y cada viaje, cada amanecer en un lugar remoto del planeta, cada animal que logré capturar con mi lente, traía consigo una semilla de inspiración que plantaba aquí, en Valle.

Cavé el primer lago yo mismo. Puse piedra sobre piedra para construir los primeros muros. Planté cada árbol pensando en dónde daría mejor sombra. Y sin darme cuenta, había creado más que un jardín: había creado un refugio, un santuario, un mundo completo.

Cuando camino por "África" - así le llamo a ese espacio donde crecen las acacias y cantan los jilgueros sin parar - cierro los ojos y estoy de vuelta en la sabana de Botswana. Cuando cruzo el puente colgante sobre el río y llego al "Jardín de Matteo", veo a mi hijo de seis años corriendo feliz hacia la isla, pisando las piedras que flotan sobre el agua. Y en "La Granja del Gran Jero", mi hijo menor de cinco años cuida con orgullo a sus capibaras, yaks, llamas, vacas escocesas y burros enanos - animales de cuatro continentes que conviven aquí como si siempre hubieran sido vecinos.

El Ranchito ha crecido conmigo. Se transformó con cada etapa de mi vida. Evolucionó cuando nacieron mis hijos. Se expandió cuando mis viajes fotográficos se volvieron más ambiciosos. Y seguirá cambiando porque un lugar vivo nunca deja de crecer.

Construí dos casas de tres niveles - la Casa de los Árboles y la Casa de los Jinetes - no para mí, sino para Matteo y Jero. Para que el día de mañana, cuando formen sus propias familias, cada uno tenga su hogar aquí, en el lugar donde crecieron. Para que nunca tengan que dividir nada ni pelear por nada. Para que sepan que siempre tendrán raíces profundas en esta tierra.

Hoy, El Ranchito de Valle tiene setenta hectáreas. Lagos donde nadan cisnes blancos y cisnes negros que traje de Canadá. Huertos de guayabas, manzanas, duraznos, ciruelas, granadas, higos y fresas. Un apiario que produce miel multifloral y la sagrada miel de abeja melipona. Doce caballos - algunos para competir porque la equitación es mi pasión desde niño, otros para salir a cabalgatas por la montaña. Carpas koi que brillan en los lagos. Gallinas de razas exóticas. Y una lombricomposta que convierte el estiércol de todos los animales en alimento para la tierra, cerrando el ciclo perfecto de la vida.

Cuando la gente visita, me dicen: "Diego, esto es un vergel, un paraíso escondido, un lugar mágico lleno de energía y amor." Y yo sonrío porque sé que no fue magia. Fueron quince años de trabajo. De ensayo y error. De levantarme cada día pensando "¿qué más puedo crear aquí?" De no rendirme cuando las cosas se ponían difíciles. De poner el corazón en cada piedra, en cada planta, en cada decisión.

Me inspiré en Babylonstoren, ese lugar extraordinario en Sudáfrica donde me hospedé y quedé fascinado por su concepto de integrar agricultura, experiencias y belleza. Pero esto no es una copia. Esto es nuestra versión mexicana, con el sello de Valle de Bravo y mi historia personal. Esto es "Vallelon" - nuestro espacio para bodas y eventos donde los novios pueden casarse rodeados de lavandas y olivos, cosechando fresas para su celebración.

Construí una cabaña pequeña en la mitad de la montaña. Solo una recámara, un baño, una terraza. Pero desde ahí arriba veo todo - absolutamente todo - lo que he construido estos quince años. El atardecer de frente pintando el cielo de naranja y rosa. El amanecer a mi espalda iluminando el valle. Es mi lugar para respirar, para recordar de dónde vine, para soñar hacia dónde voy.

Porque aquí todavía hay mucho por hacer. Muchos planes. Muchas ideas que traigo de cada expedición fotográfica. Cada vez que regreso de fotografiar vida silvestre en algún rincón remoto del planeta, vuelvo a El Ranchito con los ojos llenos de nuevas posibilidades.

Este lugar no es un hotel. No tiene recepcionista ni servicio de habitaciones las veinticuatro horas. No encontrarás lujos innecesarios ni pretensiones vacías. Lo que encontrarás aquí es autenticidad. Es mi vida hecha lugar. Es el sudor de mi frente convertido en jardines. Son mis sueños de viajero materializados en espacios que puedes tocar, oler, sentir.

Y ahora quiero compartirlo. Quiero que vengas a cruzar el puente colgante mientras escuchas el río debajo de tus pies. Quiero que conozcas a los capibaras y veas cómo los yaks del Himalaya pastan junto a las llamas andinas. Quiero que pruebes la miel que nuestras abejas hicieron con el néctar de estas flores. Quiero que te sientes en "Las Lavandas" cuando prendemos el fuego del asador y el olor del humo se mezcla con el perfume de las plantas. Quiero que veas el atardecer desde la cabaña y entiendas por qué este lugar me llena el alma.

Quiero que El Ranchito de Valle sea parte de tu historia también. Que celebres aquí tu boda. Que traigas a tus hijos a conocer animales que jamás verán juntos en otro lugar. Que vengas a desconectar cuando la ciudad te asfixie. Que aprendas sobre permacultura, sobre abejas, sobre caballos. O simplemente que te sientes bajo un olivo a leer, a pensar, a ser.

Estamos a solo dos horas de la Ciudad de México, pero cuando llegas aquí, el tiempo corre diferente. El aire huele distinto. Los colores son más vivos. Y por un momento - aunque sea solo por un fin de semana - puedes recordar lo que es vivir conectado con la tierra, con los ciclos naturales, con lo simple y verdadero.

Esto es El Ranchito de Valle. Esto soy yo. Y las puertas están abiertas para ti.

Diego Rodriguez

Fotógrafo de Vida Silvestre | Paisajista | Jinete | Padre | Soñador

@soydiegordz

Valle de Bravo, Estado de México

Weddings el ranchito

Bodas y eventos privados

Sin importar el tipo de evento social que tengas en mente, El Ranchito tiene el espacio ideal

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Estancias

Dentro del rancho, se construyeron la Casa de los Árboles, Casa de los Jinetes, Cabaña del Árbol y Casa Ranchito, que están abiertas y listas para recibir huéspedes durante eventos especiales, ¡vive la maravilla de despertar en un lugar inigualable en Valle de Bravo!

El Ranchito es un espacio
único y exclusivo para crear
momentos y experiencias

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